PAKISTÁN: REPERCUSIONES INTERNAS Y CONSECUENCIAS
PARA EL CONFLICTO POLÍTICO DEL DISTANCIAMIENTO
ENTRE ISLAMABAD Y WASHINGTON

El pasado mes enero de 2018, el Gobierno de Estados Unidos anunciaba la suspensión definitiva de la entrega de los 255 millones que formaban parte de un paquete de ayuda de 1100 millones de dólares a Pakistán por la supuesta incapacidad de combatir el terrorismo en su territorio y disminuir la actividad en dicho ámbito. Este distanciamiento entre Washington e Islamabad tiene consecuencias relevantes para el conflicto afgano a nivel internacional.

Este informe ofrece una visión multidisciplinar sobre la situación actual y la posible evolución de Pakistán y el conflicto afgano. Para ello, el análisis se ha centrado en la evolución de las relación política entre Pakistán y Estados Unidos, pasando por la situación interna pakistaní, el contexto en el que se desarrolla Afganistán, la posición de otros actores estatales en dicha relación y las repercusiones, como bien señala el título, de una escalada de tensiones entre Islamabad y Washignton, alcanzando unos escenarios y unas conclusiones acordes con la evolución del conflicto.

Bottom Line (Conclusiones)

Pakistán y Estados Unidos resultan ser de gran relevancia para la evolución del conflicto afgano y el impacto en las relaciones con otros actores internacionales. De esta forma, el distanciamiento entre Washington e Islamabad tiene dos asuntos de fondo: por un lado, una estrategia de presión hacia éste último para que lleve a cabo acciones fehacientes contra el santuario Talibán, y por otro lado, asegurarse de que tras la hipotética retirada de tropas de la OTAN en Afganistán, Pakistán pueda contribuir a mantener la estabilidad en dicho país. De esta forma, el conflicto afgano presenta escasas probabilidades de resolverse sin la cooperación de Pakistán y la ayuda internacional, que tradicionalmente ha ofrecido EEUU.

La administración Trump, al igual que sus predecesores, buscan evitar una escalada del conflicto después de 17 años de guerra. No obstante, los continuos atentados en Afganistán y Pakistán, así como las tensiones políticas entre Kabul, Islamabad y Washington no ayuda a conseguir un proceso de estabilidad continua.

Por un lado el Talibán sigue teniendo una presencia significativa con gran apoyo popular, mientras los grupos insurgentes y terroristas aumentan sus actividades o, simplemente, siguen en el mismo baremo, mientras Pakistán sigue con un grave conflicto social y político interno, donde cualquier decisión se puede interpretar como un acto de agresividad o debilidad. Asimismo, China y Rusia se pueden aprovechar de esta nueva etapa de tensiones aumentando sus esfuerzos para lograr una alianza más significativa con Pakistán y, de esta manera, influir progresivamente en el campo afgano.

En lo que respecta a este distanciamiento, la situación se podría resolver en las próximas elecciones en Pakistán, donde se presentan dos posturas clave. Por un lado, que el Partido de la Liga Musulmana de Pakistán (PML-N) resurja, sobre todo teniendo en cuenta el alto nivel de fraude a nivel electoral, e imponga de nuevo su mayoría. Por otro lado, una baja probabilidad de que el Partido del Pueblo de Pakistán (PPP) obtenga la mayoría. Por último existe la posibilidad de que el partido que gane las elecciones sea el Movimiento por la Justicia en Pakistán (PTI), aunque esta sería la menos plausible de las tres posibilidades citadas. En caso de que el PML-N consiguiera alcanzar la mayoría en el Senado, podría impulsar una reforma que permita volver a gobernar al ex Primer Ministro Nawaz, lo cual implicaría una nueva política exterior y nuevas negociaciones con Estados Unidos y Afganistán en el combate al terrorismo y la estabilización de la región.

Versión impresión

Key Judgements (Juicios analíticos)

Juicio analítico 1

Pakistán es un Estado con una gran diversidad étnica, pero con una religión mayoritaria, el islam sunni. El país ha vivido una gran inestabilidad política con diversos periodos de dictaduras. Actualmente, los conflictos de la zona y los intereses de Estados Unidos en ella hacen de Pakistán un Estado clave para acabar con el conflicto afgano.

Juicio analítico 2 

La política de doble juego atribuida a Pakistán, que por un lado es aliado de la coalición en la lucha antiterrorista en Afganistán, y por otro presta en su territorio santuario para los talibanes, se explica en la necesidad de Islamabad de mantener en el tiempo una carta que le permita fortalecerse en relación a su conflicto con la India a través de una estrategia de “profundidad estratégica”.

Juicio analítico 3 

Las acusaciones hacia Pakistán y el llamamiento por parte del Gobierno de Estados Unidos a una mayor colaboración de la India para la resolución del conflicto afgano, aumentan el recelo de Pakistán. Esto ha llevado a un distanciamiento que parece aumentar mientras éste busca fortalecer sus relaciones internacionales y cooperación económica con China y Rusia.

Juicio analítico 4

La nueva estrategia utilizada por el Gobierno de Donald Trump, que consiste en presionar a Pakistán para que lleve a cabo acciones a favor de la eliminación de los santuarios de los Talibanes en Pakistán. Esta estrategia podría llegar a ser contraproducente para el interés de Estados Unidos, sobre todo si se presiona a través de India, si no se dosifica esta presión y se evalúa el grado de cooperación que se puede esperar de Pakistán.

Juicio analítico 5

La suspensión definitiva del apoyo económico del gobierno de Estados Unidos a Pakistán tiene consecuencias más allá de la lucha contra el terrorismo, y genera problemas para la resolución del conflicto afgano, a la vez que abre la posibilidad de un cambio de estrategias y aliados en la región de Asia Meridional. En este sentido, China y Rusia se plantean como candidatos para establecer nuevas alianzas con Pakistán.

Juicio analítico 6

El proceso de corrupción de Nawaz Sharif –ex Primer Ministro de Pakistán- y sus acusaciones a sectores militares y judiciales de ser los artífices de su destitución, son elementos clave en un posible cambio de Gobierno relevante en las próximas elecciones presidenciales de Pakistán (julio de 2018). Esta podría ser bien una oportunidad para Estados Unidos en el caso de que un nuevo Gobierno ceda a la presión para combatir el terrorismo con mayor grado de compromiso, o bien el cambio de aliados definitivo por Pakistán disminuyendo, así, la influencia y presencia estadounidense en la región.

Background (Contexto)

Para contextualizar la situación, el Secretario de Estado de EE.UU., Rex Tillerson, visitó Pakistán a finales de octubre de 2017 con el objetivo de instar a Islamabad a tomar acción contra los militantes de grupos terroristas que encuentran refugio dentro de su territorio y en la frontera con Afganistán. Asimismo, EE.UU. expresó que mientras existan bases y puestos de grupos terroristas en la frontera afgano-pakistaní, la paz y la reconciliación nunca se lograrán en Afganistán.

En este sentido, EE.UU. recriminó a Pakistán estar alojando terroristas en su territorio, donde estos encuentran una zona segura para instalarse y organizarse con el fin de desestabilizar la región. Para Washington, Pakistán sigue siendo un pilar importante para lograr la paz y estabilidad en Afganistán, dejando de apoyar el terrorismo.

Photo: Associated press. US Secretary of State Rex Tillerson shakes hands with Chief of Army Staff Qamar Javed Bajwa, with Prime Minister Shahid Khaqan Abbasi, center right, Tuesday, Oct. 24, 2017, in Islamabad, Pakistan.

ANÁLISIS

EL CONFLICTO AFGANO Y SITUACIÓN EN AFGANISTÁN

La guerra que siguió a la invasión soviética en 1979 y que duró una década, tuvo como consecuencia la destrucción completa de la economía nacional de Afganistán, así como de las instituciones del Estado y de las Fuerzas Armadas. A partir de la retirada de las tropas soviéticas de territorio afgano, el país quedó sumergido en una debacle económica, social y política, con unas instituciones desestructuradas y la predisposición de verse envuelto en otro conflicto, esta vez interno, con una mayor influencia de los muyahidín.

Afganistán ha experimentado algunos progresos políticos en materia de seguridad, aunque sigue habiendo barreras significativas para asegurar la estabilidad a largo plazo y la prosperidad del país debido al conflicto interno continuado en su territorio y la presencia de fuerzas de la OTAN, este conflicto interno se desarrolla en un marco de inseguridad para las propias estructuras gubernamentales e incluso las bases y convoyes de la OTAN.

Por otro lado, el sistema político está marcado por profundas divisiones, el Gobierno afgano se haya inmerso en un contexto de corrupción y de incapacidad de ofrecer justicia, ley y orden; estas circunstancias tienen consecuencias económicas para Pakistán, ya que el país sigue siendo dependiente, en gran magnitud, de la ayuda exterior en lugar de fuentes endógenas de crecimiento. Del mismo modo, la inestabilidad política y la crisis económica afgana crean un ejército que aún no es lo suficientemente eficaz para combatir eficientemente al Talibán y a los grupos terroristas presentes en la región, creando un entorno precario en seguridad. Asimismo, con la constante pérdida de zonas rurales –sobre todo del sur y sureste de Afganistán- por parte del gobierno, se crea un escenario de incertidumbre política y social debido a la notoria división que existe en estos dos campos, donde cada actor quiere preservar el control de su territorio lo cual evidencia el repunte de violencia.

En este marco, una positiva y cooperativa relación afgano-pakistaní es de suma importancia para la estabilización de la región. No obstante, las relaciones entre ambos Estados se han degradado considerablemente debido al crecimiento de diferencias en materia de seguridad a la hora de controlar las fronteras en las áreas de Baluchistán y la Zonas Tribales bajo Administración Federal (FATA, por sus siglas en inglés), en un momento en el que persiste la competencia regional sobre Afganistán donde varios actores estatales, como Rusia, Estados Unidos (en conjunto con la Unión Europea) e India, buscan proteger sus propios intereses nacionales en el exterior.

En este sentido, el debilitamiento del régimen afgano y un resurgimiento Talibán podrían conducir al derrumbamiento del Gobierno y del Estado afgano, dando lugar al retorno de la anarquía y el empoderamiento de los grupos terroristas. Debido a esta precaria situación, Estados Unidos y sus aliados, que juntos contribuyen con más de 5 billones de dólares anualmente en asistencia civil a Kabul, se ven obligados a tomar decisiones importantes sobre la mejor manera de apoyar a Afganistán en el futuro. Este posible reajuste de la política de EEUU respecto a Afganistán es el factor externo más importante en la evolución del conflicto y el Estado afgano.

SITUACIÓN INTERNA EN PAKISTÁN

Política

En 1947 se establece Pakistán, como una Estado islámico, dividido en dos partes: Pakistán oeste (actual Estado de Pakistán) y Pakistán este (actual Bangladesh) cuando la potencia colonial, Gran Bretaña, le concede la independencia a los territorios del noroeste y este de la India, de mayoría musulmana. A partir de su independencia, Pakistán comenzó a regirse por un gobierno islámico pero tras la muerte de su líder, Jinnah o Quaid-i-Azam (1948) y un creciente cambio político, Pakistán se convierte en una república federal.

En 1958 los partidos políticos son abolidos y comienza un periodo de dictadura militar donde se impone como nuevo Presidente Mohammed Ayub Khan –mariscal de campo de las Fuerzas Armadas pakistaníes-. La derrota en la guerra contra India en 1965 y las declaraciones contra Khan considerándolo corrupto hicieron más frágil su gobierno por lo que tuvo que dimitir en 1969, sucediéndolo Yahnya Khan, quien en diciembre de 1970 organiza las primeras elecciones presidenciales del País.

Con las primeras elecciones presidenciales celebradas en 1970 se abrió otro frente de conflicto, esta vez entre el oeste y este de Pakistán, donde estos últimos reclamaban su independencia. Estos hechos desembocaron en una guerra civil en 1971, finalizando el mismo año con la retirada de las tropas pakistaníes del Pakistán este y la creación de Bangladesh –apoyado por la India.

Con la creación de un Estado pakistaní democrático y estable, los partidos políticos comienzan a tener un papel más importante, definiendo la política interna y externa con la que Estados Unidos tendría que lidiar para seguir manteniendo un socio estratégico en Asia Meridional.

En este sentido, entre 1973 y 1977 el Partido del Pueblo de Pakistán (PPP) sube al poder con Zulfikar Alí Bhutto, fomentando el socialismo islámico, lo cual comenzó a desagradar a Estados Unidos por la posible influencia y expansión soviética en el país. Aunque el gobierno de Alí Butto seguía una vertiente socialista islámica, algunos grupos conservadores del islam no compartían los mismos valores que sus gobernantes, por ese motivo Zia ul-Haq, alto mando de las Fuerzas Armadas de Pakistán, da un golpe de Estado arrestando a Alí Butto e imponiendo una dictadura militar hasta su muerte en un accidente aéreo en 1988, dando nuevamente paso a la democracia.

La década de 1990 estuvo marcada por el Gobierno de Benazir Bhutto (PPP) -hija de Alí Butto- y el Primer Ministro Nawaz Sharif, líder de la liga Musulmana (PML-N). En 1999, tras la orden de Shariff de destituir a Pervez Musharraf como Comandante de las Fuerzas Armadas pakistaníes, éste último –con el apoyo del ejército- da un golpe de Estado destituyendo a Sharif, imponiendo un nuevo periodo de dictadura militar hasta el año 2008, cuando presenta su dimisión por el proceso de destitución que había contra él. Asimismo, Washington seguía apoyando a Pakistán en el gobierno de Benazir Bhutto y Nawaz Sharif y durante la dictadura militar de Musharraf.

En 2013, celebradas nuevas elecciones presidenciales y tras una etapa democrática liderada por Asif Ali Zardari (PPP), obtiene la victoria Mamnoon Hussain como nuevo Presidente de Pakistán y Nawaz Sharif como Primer Ministro, produciéndose así la primera vez que un gobierno democrático ponía fin a una legislatura, permitiendo el paso a un gobierno de la oposición, mientras que las relaciones políticas con Estados Unidos, India, China y Rusia se mantenían o, en algunos casos, se fortalecían.

Actualmente, el Presidente de Pakistán es Mamnoon Hussain (PML-N) y el Primer Ministro es Shahid Khaqan Abbasi (PML-N), tras dimitir el ex Primer Ministro Nawaz Sharif como consecuencia de su inhabilitación por el Tribunal Supremo debido a las sociedades de su familia en paraísos fiscales desvelados en los papeles de Panamá.

Como consecuencia de este proceso de corrupción, se ha recrudecido el discurso de la oposición, que unido a la rebelión interna de algunos diputados provinciales del PML-N que participaron en la dimisión del Ministro Principal de la Provincia en Baluchistán, se convierten en elementos clave para el futuro de Pakistán en las próximas elecciones de agosto de 2018.

Seguridad

El Gobierno y las Fuerzas Armadas de Pakistán han aunado esfuerzos, junto con Estados Unidos, para mejorar la seguridad en el país, aunque se ha visto mejorada en los últimos años, sigue siendo un país muy vulnerable y esta mejora podría revertirse en cualquier momento, a consecuencia de los conflictos tanto internos como externos que posee Islamabad en la frontera con Afganistán, en Cachemira o las regiones más propensas a sufrir atentados fuera de territorio Talibán, como Karachi o la propia Islamabad.

Existe un especial interés por parte de Washington por mantener estable la región y tener presencia sobre el terreno para asegurar el control de, en este caso, las rutas logísticas de transporte de suministros de la OTAN que van dirección a Kabul o Kandahar y mantener su lucha contra el terrorismo yihadista y Talibán, como su política exterior hacia Afganistán y Pakistán.

Por otro lado, la estructura de al-Qaeda en Asia Meridional ha crecido considerablemente en los últimos 20 años, dando lugar a la aparición de nuevos grupos insurgentes que conviven con los propósitos de al-Qaeda y se convierten en sus aliados y/o afiliados para conseguir la expulsión de las fuerzas de ocupación extranjeras y la instauración de un gobierno bajo la ley islámica, sharia.

Algunos de estos grupos, que actúan en Pakistán y Afganistán, se mencionan a continuación para dar una mayor visibilidad a su actividad: Al Badr, Al Qaeda, Brigada 313, Harakat-ul-Muhaedeen, Harkat-uk-Jihad-al-islami, Hiz-bul-Muhaedeen, Jaish-e-Mohammed, Jamaat-ul-Ahrar, Jundallah, Lashkar-e-Jhangvi, Lashkar-e-Taiba, Lashkar-e-Zil, Red Haqqani, Talibanes y Tehrik-i-Taliban Pakistan.

Entre los anteriores grupos insurgentes/terroristas, los más relevantes son:
Al-Qaeda: Es una de las organizaciones terroristas más poderosas del mundo. Está compuesta por varios grupos operativos establecidos en Pakistán y Afganistán y mantiene fuertes relaciones con un gran número de organizaciones globales que están afiliadas a ella.
Brigada 313: Es el brazo armado de Al Qaeda en Pakistán y está compuesto por talibanes y militantes de otros grupos yihadistas. Su principal área de actuación es la frontera afgano-pakistaní.
Red Haqqani: Es una organización islamista suní que opera en las regiones del sureste de Afganistán y noroeste de Pakistán, principalmente en las Áreas Tribales Federales. Fue creada en 1970 y creció como organización durante la invasión soviética en la década de 1980. La estructura de la Red Haqqani es familiar y jerárquica cuyo principal objetivo es expulsar a las tropas extranjeras, incrementar su influencia en la región y restaurar el mandato Talibán.
Talibán: Es una organización islamista de tendencia fundamentalista con el objetivo de establecer un gobierno bajo la ley islámica (Sharia) en Afganistán. En 1996 consiguió llegar al poder y estuvo al mando de Afganistán hasta el año 2001. Desde entonces está combatiendo activamente contra las fuerzas de la OTAN para expulsarlos del país y deslegitimar al actual gobierno afgano.

En este sentido, las próximas elecciones presidenciales, que elegirán al Presidente para el mandato de los próximos cinco años, han dado una importante atención a la cuestión de la seguridad estatal y el futuro próximo de las relaciones con Estados Unidos. Los representantes de los principales partidos – PPP, PTI, PML-N y PML-Q- han creado una narrativa entorno al problema del terrorismo y el Talibán, con el objetivo de infundir tranquilidad y confianza en el aparato estatal.

Sociedad

Para entender el conflicto interno pakistaní y los numerosos incidentes ocurridos en la frontera afgano-pakistaní, primero se debe analizar la composición étnica que define a un Estado Nación. En Pakistán existe una gran diversidad étnica en la sociedad pakistaní donde un 59,1 % de la población se considera Punjabis, el 13,8 % Pastunes, el 12,1 % Sindhis, el 7,7% Muhajirs, 4,3 % Balochis y el 3% de otros grupos étnicos. Además, la religión mayoritaria es el Islam suní con un 90% de adeptos aproximadamente.

Por otro lado, hay más de 20 lenguas oficiales en Pakistán, aunque el idioma oficial sea el urdu. Entre las más comunes está el punjabi, sindhi, pastún y el balochi. Se considera importante mencionar que la lengua es un fuerte pilar de cohesión en una nación por lo que el combate o la intolerancia hacia otro dialecto pueden ocasionar graves disputas y conflictos.

Estados Unidos y otros actores estatales que deseen mantener unas relaciones prósperas y satisfactorias para ambas partes con Pakistán y Afganistán, necesitarían comprender las reivindicaciones de las poblaciones pastunes de la frontera afgano-pakistaní y por qué han decidido vivir bajo el régimen Talibán y establecer Santuarios para sus miembros..

Economía

Pakistán es considerado un país en desarrollo ya que su economía ha crecido en los últimos años y se está focalizando en la industria, sobre todo textil, y el sector servicios. Los recursos naturales de que dispone son: petróleo, gas natural, cobre, hierro, azufre, grafito, carbón, caliza, yeso y sal. La moneda oficial es la Rupia pakistaní.

Las principales inversiones en función de los sectores son la energía y la construcción (538,9 y 271,3 millones de dólares, respectivamente). Las principales inversiones por países son de China y EEUU (837,4 y 42.6 millones de dólares). Los principales proveedores son China, Emiratos Árabes Unidos y EEUU (30,2%, 14,42%, 4,61%, respectivamente), y los principales clientes EEUU, China y Reino Unido (16,81%, 7,92% y 7,64%, respectivamente). El saldo comercial de Pakistán es negativo (-9.377 millones de dólares).

Actualmente, se fomenta la creación del Corredor Económico China-Pakistán, que busca conecta el puerto Gwandar de Pakistán con Xianjiang (China), el cual permitiría a China, entre otras cosas, exportar directamente al mar de Arabia evitando el Mar del Sur de China. A su vez, este puerto es una potencial futura base naval china cercana a la India y a la entrada del Golfo Pérsico. Por tanto, China resulta ser un país muy relevante para la economía de Pakistán, al que tradicionalmente Pakistán se ha acercado como consecuencia de las rivalidades entre China y la India.

DISTANCIAMIENTO ENTRE EE.UU. Y PAKISTÁN

Antecedentes de la cooperación EE.UU. - Pakistán

Tras la independencia de Pakistán, el gobierno estadounidense fue una de las primeras naciones en establecer relaciones diplomáticas con el nuevo Estado debido a su importancia geoestratégica, ya que está situado en una zona rica en recursos naturales y se encontraba cerca de la frontera con la URSS.

Pakistán se alía con el bloque estadounidense en la Guerra Fría (1954), firmando un Acuerdo de Asistencia Mutua en Defensa. A raíz de ese acuerdo, un grupo especial de asistencia militar estadounidense se posiciona en la zona de Rawalpindi (norte del país). Dos años más tarde, la fuerza aérea de Estados Unidos consigue un permiso para establecer una estación de mando aéreo en Peshawar (norte del país) con el objetivo de monitorizar el programa de misiles balísticos de la URSS.

En los primeros 10 años de relación entre EE.UU. y Pakistán, ambos países consiguieron firmar acuerdos de asistencia militar y económica en el marco de la Guerra Fría para contrarrestar la fuerza del rival (URSS). Por otro lado, Estados Unidos suspendió la asistencia militar a su socio estratégico –Pakistán- debido al estallido de la guerra Indo-Pakistaní (1965) o Segunda Guerra de Cachemira, que tenía como objetivo recuperar la región de Cachemira, en disputa entre ambos países.

Tras el fin de la Segunda Guerra de Cachemira (1965) y la Guerra de Liberación de Bangladesh (1971), EE.UU. restablece las relaciones político-militares con Pakistán en 1975, éste último comienza a cobrar importancia como ruta de transporte de armas y diversa mercancía letal y no letal enviada por EE.UU. para la resistencia afgana (talibanes) que comenzaba su lucha contra el ejército soviético y el apoyo a los movimientos muyahidín por parte del gobierno estadounidense que atrajo a personajes como Osama Bin Laden y Ayman al Zawahiri.

Durante la década de 1990, el Presidente de EE.UU. George W.H Bush decide, bajo una ley nacional, cesar su ayuda militar y monetaria, así como imponer sanciones económicas y comerciales, a Pakistán por seguir desarrollando su programa nuclear y realizar pruebas para demostrar su capacidad en este ámbito.

Después de una década de tensiones en la región de Asia meridional, a partir de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, Pakistán se vuelve un socio estratégico en la lucha contra el terrorismo internacional (Al Qaeda y movimiento Talibán), para Washington. Durante los años posteriores a los ataques en Nueva York y Washington, el gobierno estadounidense y el pakistaní, así como una coalición internacional, incrementaron sus capacidades militares, logísticas y de inteligencia para capturar a los líderes de la organización terrorista más peligrosa en ese momento, Al Qaeda, aunque con ciertos episodios de tensión que se mencionarán posteriormente. No fue hasta el año 2011 cuando, tras años de seguimientos, la inteligencia estadounidense con ayuda de personal local en Pakistán, logran ubicar la posición de Osama Bin Laden, líder de Al Qaeda. Después de una operación táctica de un equipo SEAL (operaciones especiales de EE.UU.), se logra eliminar a Bin Laden. A raíz de este suceso se abre una etapa de tensión entre Islamabad y Washington, ya que el gobierno norteamericano no informó de la operación a las autoridades pakistaníes.

Tras la eliminación de Osama Bin Laden, el conflicto afgano con los talibán no cesó, sino que incrementó y se recrudecieron los ataques contra puestos militares afganos y pakistaníes, mientras militantes del grupo buscaban refugio en la frontera con Pakistán y en las tribus pastunes de Pakistán a fin de expandir su rango de actuación y resguardarse de las fuerzas armadas de ambos países. El gobierno estadounidense al observar que las fuerzas armadas de Pakistán no lograban combatir con eficacia a los grupos insurgentes y terroristas asentados en su territorio, comenzó a acusar (2014) a Islamabad de acoger a militantes de grupos terroristas.

Primer episodio de la crisis (2004-2012)

Tres hechos marcaron el inicio de las primeras tensiones entre EE.UU. y Pakistán después de los ataques del 11 de septiembre de 2001: las operaciones estadounidenses con drones en territorio pakistaní sin su consentimiento, el ataque por parte de EE.UU. y la OTAN a dos puestos de control militar pakistaní en el área de Salala, en las Zonas Tribales bajo Administración Federal, causando la muerte de 28 soldados pakistanís en el año 2011 y el asalto a la casa donde se refugiaba Osama Bin Laden, líder de Al-Qaeda.

En este sentido, se decidió por parte de EE.UU. urgir a Islamabad a aumentar sus esfuerzos para combatir a los Talibán, la administración Bush decidió implementar una nueva estrategia en Pakistán y Afganistán ante la negativa o insuficiente reacción por parte del gobierno pakistaní para hacer frente a los grupos terroristas. Las operaciones militares en la frontera entre ambos países y, sobre todo, en la región de Waziristán, perteneciente a la FATA, aumentaron considerablemente con el envío de grupos de operaciones especiales del ejército de Estados Unidos y la orden de realizar ataques aéreos con drones Predator y Reaper.

Los primeros ataques con drones y las operaciones especiales encubiertas en 2004 marcaron el primer episodio de la crisis entre Pakistán y Estados Unidos. Dichos ataques, de acuerdo con el Departamento de Estado de Estados Unidos, tenían como finalidad eliminar objetivos de al Qaeda, Talibán y la Red Haqqani establecidas en el noroeste de Pakistán y sur de Afganistán. No obstante, los ataques aéreos estadounidenses se percibieron como una amenaza a la seguridad nacional y una violación de la soberanía nacional por parte de la sociedad pakistaní y ciertos sectores gubernamentales. Asimismo, dichos ataques se estaban vinculando con la muerte de civiles en la Zona Federal Tribal donde se producían los mayores ataques aéreos.

En consecuencia, de acuerdo con el Buró Periodístico de Investigación, con sede en Londres, los ataques con drones causaron aproximadamente 969 muertes civiles y otros centenares de heridos entre enero de 2004 hasta marzo de 2018. Con estos datos se puede analizar que las operaciones aéreas estadounidenses si han causado bajas civiles, siendo catalogadas estas bajas como daños colaterales.

Con el aumento de muertes civiles en Pakistán y la creciente tensión entre Estados Unidos y Pakistán por el uso de drones para acabar con objetivos terroristas, la sociedad civil pakistaní comenzó a pedir el cese de los ataques indiscriminados, que no distinguían entre combatientes y civiles según ONGs locales y organizaciones civiles de la FATA. Daniel Byman del Instituto Brookings, al igual que otros muchos expertos en derecho internacional, anunciaron la ilegalidad de los ataques aéreos y se denunció la muerte de diez civiles por cada terrorista abatido en la frontera afgano-pakistaní.

Por otro lado, el General de las Fuerzas Armadas de Pakistán, Ghayur Mehmood, mencionó que “los objetivos son militantes terroristas y el número de civiles muertos es muy bajo”. Asimismo, durante las administraciones Bush y Obama, ambos gobiernos aseveraron que los ataques con drones eran muy efectivos debido a que atacan objetivos específicos, mientras cuidan por no alcanzar objetivos civiles. En la misma narrativa se posicionó el Asesor Legal del Departamento de Estado de Estados Unidos, Harold Koh, quien alegó que la fuerza aérea estadounidense hacía uso del principio de distinción* y el principio de proporcionalidad*.

Rutas de suministros

Los ataques alcanzaron su máxime entre 2008 y 2011, aunando las presiones internacionales y la crisis política y social entre Estados Unidos, Pakistán y, ahora, Afganistán. A esta situación se tuvo que añadir el ataque aéreo por parte de la OTAN y a dos puestos de control militares pakistanís ubicados en la frontera con Afganistán, en la región de Salala (noroeste de Pakistán). Dicho evento causó la indignación de la población en Pakistán, mientras que los políticos y militares del país islámico tacharon el ataque de intencionado, planeado y premeditado, lo cual desembocó en la paralización de las rutas que utilizaba la OTAN para transportar suministros no letales a sus tropas destinadas en Afganistán a través de Pakistán, obligando a la coalición internacional a buscar nuevas rutas de abastecimiento.

Las nuevas rutas de abastecimiento a las tropas de la OTAN en Afganistán, que se muestran en el mapa, se reconfiguraron en la Red de Distribución del Norte (RDN). Estas nuevas rutas partirían de Riga (Latvia) o Poti (Georgia), atravesando países como Turkmenistán, Tayikistán, Kazajistán y Uzbekistán hasta llegar al punto fronterizo de Termiz (Afganistán). Otras rutas alternativas fueron (y son actualmente) el envío de suministros desde las bases aéreas estadounidenses en el Golfo Pérsico, en países como Bahrein, Oman, Emiratos Árabes Unidos y Qatar, en dirección a Kabul, lo cual resulta más costoso.

Por otro lado, otro punto de inflexión entre ambas naciones fue el ataque de las fuerzas especiales estadounidenses a la casa cuartel de Osama Bin Laden, en el área de Abbottabad, sin previa autorización del gobierno pakistaní y con el supuesto desconocimiento del ataque de este último.

En este caso, a partir del año 2012 los ataques con drones se redujeron, mientras que el problema Talibán y terrorista, en general, comenzaban a expandirse abarcando frentes políticos.

Reinicio de las relaciones de cooperación (2012)

La tensa relación entre EE.UU. y Pakistán causó millones de dólares en pérdidas y se desaceleró la lucha antiterrorista en la frontera afgano-pakistaní, lo que dio posibilidad de reagrupación a los Talibán y al Qaeda. Por ello, en julio de 2012 la Secretaria de Estado de EE.UU. en aquel momento, Hillary Clinton, realizó una llamada telefónica a su homólogo pakistaní, Rabbani Khar, con la intención de pedir disculpas por el ataque en Salala (2011). Tras este suceso el gobierno pakistaní decidió restablecer las rutas logísticas de la OTAN hacia Afganistán, pasando por territorio pakistaní a través del paso de Quetta (sur) y el paso de Khyber (norte), tal como se muestra en el mapa.

En el mapa, se muestran las dos rutas que utiliza la OTAN para transportar suministros no letales a sus bases en Afganistán. Las dos parten de la ciudad de Karachi, una de ella se dirige al paso de Khyber (norte) marcada con el punto B, mientras que la segunda se dirige al paso de Quetta (sur), marcada con el punto C. Las posiciones marcadas en color naranja identifican los puntos de paso del Talibán y de otros grupos a insurgentes que se dirigen a los Santuarios ubicados, marcados en color negro, en Pakistán. Dichas rutas suponen un ahorro económico a la OTAN sin embargo, existe un alto riesgo de sufrir ataques, sabotajes y robos por parte de grupos insurgentes.

La reapertura de las rutas logísticas proporcionó a EE.UU. una forma más económica de acceder a sus bases en Afganistán, mientras que las operaciones antiterroristas en la frontera volvieron a estar a la orden del día, en conjunto con el ISI (servicio de inteligencia de Pakistán).

Último episodio de la crisis (2018)

Para contextualizar la situación, el Secretario de Estado de EE.UU., Rex Tillerson, visitó Pakistán a finales de octubre de 2017 con el objetivo de instar a Islamabad a tomar acción contra los militantes de grupos terroristas que encuentran refugio dentro de su territorio y en la frontera con Afganistán. Asimismo, EEUU expresó que mientras existan bases y puestos de grupos terroristas en la frontera afgano-pakistaní, la paz y la reconciliación nunca se lograrán en Afganistán.

En este sentido, EE.UU. recriminó a Pakistán estar alojando terroristas en su territorio, donde estos encuentran una zona segura donde poder instalarse y organizarse para desestabilizar la región. Para Washington, Pakistán sigue siendo un pilar importante para lograr la paz y estabilidad en Afganistán, dejando de apoyar el terrorismo.

Por otro lado, el gobierno pakistaní ha hecho grandes esfuerzos en el área de contraterrorismo, capturando y neutralizando importantes líderes terroristas. No obstante, Washington pide a Islamabad que realice más acciones estratégicas para mantener la seguridad en la zona fronteriza y dentro de sus fronteras.

Al no ver satisfechas sus demandas y tras conocerse las declaraciones de Donald Trump sobre el corte de la asistencia económica y militar a Pakistán, el gobierno de Islamabad ha decidido mirar a otro lado y buscar nuevos socios económicos y comerciales que le sirvan para financiar su estructura militar. Por un lado se encuentra China, que ha desarrollado el Corredor Económico China-Pakistán, en el cual también están interesados Alemania, Reino Unido, Francia y Rusia. Por otro lado, nuevos socios vendrían de Asia Central, quienes tienen grandes reservas de materias primas y, junto con Rusia, podrían formar una alianza asiática comercial y económica. Por ello, la presión norteamericana a través de la retirada de las ayudas económicas a Pakistán, podría convertirse en un cambio de alianzas que perjudique a EEUU.

REPERCUSIONES DEL DISTANCIAMIENTO ENTRE EE.UU. Y PAKISTÁN PARA EL CONFLICTO AFGANO

Política de EE.UU. en Afganistán

Pakistán siempre ha pensado que los talibanes son un jugador activo y que no pueden ser derrotados. Quiere asegurarse de que cuando los estadounidenses se vayan, independientemente de cuándo, tengan un aliado estratégico en Kabul. Sin embargo, para un retiro exitoso de EE. UU., se requiere un juego eficiente de la diplomacia. Así, el Presidente Donald Trump heredó una política de Estados Unidos hacia Afganistán que se centró en la construcción de las fuerzas de seguridad afganas, manteniendo una capacidad antiterrorista modesta y unilateral contra las amenazas transnacionales.

Lucha antiterrorista

A pesar de los logros alcanzados por EEUU en Afganistán, facciones extremistas de al-Qaeda persisten a través de un movimiento más difuso y residual, y se teme que alimente la insurgencia Talibán. Esta insurgencia podría restablecer un santuario para los sucesores terroristas transnacionales de al-Qaeda, como el autoproclamado Estado Islámico, así como para grupos terroristas de importancia a nivel regional, como Lashkar-e-Taiba (LeT)8. Estos grupos poseen un gran potencial para provocar crisis importantes entre poderes nucleares como India y Pakistán o incluso suponer una amenaza para los Estados Unidos tanto dentro como fuera de su territorio.

En este sentido, aunque la mayoría de la población sigue estando bajo control o influencia gubernamental, el Talibán parece estar ganando tracción debido a la mala gestión del gobierno local. Asimismo, la inacción y poca fuerza del gobierno afgano hace que su frontera con Pakistán se vuelve un paso accesible para buscar refugio en dicho país. De esta forma, el Gobierno afgano ha acabado controlando, actualmente, menos del 60% del país cuando se mide por área y un poco más de 60% del país medido por densidad de población.

Por el lado de Pakistán, el gobierno de Islamabad sigue creyendo que sólo un acuerdo negociado entre los talibanes y el gobierno afgano puede poner fin al conflicto armado en Afganistán, de forma que no tiene fe en que Estados Unidos asuma el compromiso y los recursos para derrotar a la insurgencia Talibán. En este sentido, muchos funcionarios paquistaníes, civiles y militares, sostienen que incluso si Washington fuera suficientemente resuelto, es poco probable que los talibanes sean concluyentemente derrotados.

Por lo tanto, la tensión política que impera actualmente entre Washington e Islamabad hace aumentar la incertidumbre en el conflicto afgano por el posible vacío de poder, en materia antiterrorista, que dejan ambos países en los territorios fronterizos, donde la seguridad no está garantizada, mientras que los conflictos tribales y las disputas con el gobierno central se acentúan.

POSICIÓN DE OTROS ACTORES RELEVANTES

Actualmente, como ya se ha explicado, Pakistán está acercándose a Rusia y China, regiones que están ganando influencia en las naciones de Asia central (Kazajistán, Kirguistán, Uzbekistán, Tadjikistán o Turkmenistán). La alianza con el eje Moscú-Pekín podría abrir grandes oportunidades económicas y de obtención de recursos para un país socialmente débil y económicamente en desarrollo como Pakistán y, al mismo tiempo, la alianza Chino-Pakistaní puede ayudar a contener el creciente poderío económico de la India, que está intentando ganar influencia en Asia central con la ayuda de sus relaciones con Estados Unidos y la Unión Europea

Por otra parte, Islamabad sigue teniendo fuertes relaciones bilaterales con Irán en materia económica, comercial y cultural. Asimismo, existe un gran desacuerdo entre Islamabad y Delhi en el conflicto afgano, mientras que Estados Unidos reclama una mayor intervención política de India en Afganistán, lo cual es visto con rechazo por la sociedad pakistaní. No obstante, para profundizar en la posición de otros actores estatales sobre el conflicto afgano y Pakistán, a continuación se detallan más datos sobre dicho punto:

India

A ojos de Nueva Delhi, la resistencia es enteramente Talibán debido a la ayuda pakistaní. Se cree que Islamabad juega una doble política con Estados Unidos; acepta la ayuda de Estados Unidos contra el terrorismo transnacional y da una efectiva protección a los talibanes. India ve con claridad que el apoyo de Pakistán a los talibanes obedece a su “profundidad estratégica” y un interés geopolítico directamente vinculado con ella. A Pakistán le interesa mantener el conflicto interno como forma de influencias sobre el conflicto afgano que le permita concentrar sus esfuerzos de defensa India.

En esta lógica con intereses opuestos, la India presenta su asistencia a Afganistán como estabilizadora del país, demostrando solidaridad con los esfuerzos internacionales más grandes, y ayudando a un Kabul más débil frente a un Islamabad más fuerte. Del mismo modo, sucesivos gobiernos indios han alentado a los Estados Unidos para proseguir decididamente la campaña militar en Afganistán, apoyando así firmemente las operaciones militares de los Estados Unidos para impedir que los talibanes puedan negociar desde una posición de fuerza.

Rusia

Rusia también declara estar preocupada por los centros de entrenamiento de radicales islámicos en territorio pakistaní, por el riesgo de ataques contra los intereses rusos. En tal sentido, preocupa la estabilidad en Pakistán considerando su poder nuclear. Por ello, Moscú ha comenzado a facilitar un significativo diálogo regional sobre Afganistán, y declaró desde un primer momento escepticismo sobre las perspectivas de un éxito militar de Estados Unidos en Afganistán.

El actual interés de Moscú en la promoción de un diálogo político en Afganistán se ve modulado por la falta de confianza en que Estados Unidos se mantenga firme en su compromiso con Afganistán, especialmente ante las amenazas de levantamiento islámico en la parte oriental del país. Como consecuencia, Moscú parece tentado a granjearse el favor de los talibanes, enrolando a los insurgentes como parte de su estrategia de jaque mate al Daesh y limitar la capacidad de este último para ampliar sus operaciones en Asia Central.

Irán

Por un lado, la política iraní en Afganistán se basa principalmente en la cobertura contra la política de Daesh y los Estados Unidos hacia Teherán. Por esta razón, Irán tácitamente habría apoyado intermitentemente al Talibán durante la última década, a pesar de su aversión por la vertiente Talibán en el Islam, que había determinado su oposición a ellos durante la década de 1990.

Por otro lado, la campaña estadounidense en Afganistán fue vista por el cuerpo de Guardia Revolucionaria Islámica, como un medio de castigarse a sí mismo. Algunas facciones del estado iraní proporcionan bajos niveles de apoyo para las operaciones contra el Talibán, aunque Teherán ha otorgado cierto apoyo a Kabul, y su reconstrucción dirigida por Estados Unidos, después de los ataques del 11 de septiembre.

Además, el régimen iraní ha sido ligeramente más opuesto a los talibanes afganos Deobandi, inspirados en el extremismo ideológico de grupos salafistas. Los iraníes ven este último como parte de un proyecto ideológico Saudita para contrarrestar la influencia de Shia. Por ello, son extremadamente resistentes a la intervención Saudita y del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) en Afganistán, aunque esto sigue siendo una cuestión de prioridad más baja que otras preocupaciones, tales como narcotráfico y derechos de agua.

De esta forma, Irán se muestra escéptico sobre el éxito de Estados Unidos en Afganistán y mientras que podría estar dispuesto a aceptar la reconciliación como una solución en Afganistán, dependerá mucho de los términos y el poder de cualquier acuerdo que conceda al Talibán.

China

China intensificó su compromiso con Afganistán en 2011, basado en una percepción de que Estados Unidos estaba probablemente próximo a abandonar el país antes de que su situación se estabilizara. Sin embargo, los intereses de China en Afganistán siguen siendo una prioridad relativamente baja y se centran principalmente en mitigar el riesgo para la estabilidad de China occidental.

De este modo, Beijing adopta un enfoque de no intervención en los problemas más difíciles de la paz y el orden en Afganistán, y ha dependido de Estados Unidos para gestionar estos desafíos, mientras que se centra en explotar las oportunidades económicas modestas que Afganistán puede ofrecer a largo plazo.

En consecuencia, China ha prometido mil millones de dólares en infraestructura en Pakistán como parte de su estrategia para fortalecer las rutas comerciales de Asia con Europa y África, y está impulsando el Corredor Económico China-Pakistán (CPEC), como se muestra en la imagen, que busca conectar el puerto Gwandar de Pakistán con la ciudad de Kashgar en la provincia Xianjiang (China), el cual permitiría a China, entre otras cosas, exportar directamente al mar de Arabia evitando el Mar del Sur de China. A su vez, este puerto es una potencial futura base naval china cercana a la India y a la entrada del Golfo Pérsico.

China resulta ser un país muy relevante para la economía de Pakistán, ya que Pekín trabaja en la promoción de su moneda, el yuan, para su utilización en el comercio e inversiones bilaterales con Pakistán, desbancando al dólar estadounidense.

Por otra parte, la cooperación militar entre China y Pakistán se ha visto aumentada por la creciente inestabilidad en la región y esté acercamiento también es debido a las rivalidades que existen entre China y la India, lo cual beneficia que Pakistán se acerque en mayor medida a Pekín.
The United States has foolishly given Pakistan more than 33 billion dollars in aid over the last 15 years, and they have given us nothing but lies & deceit, thinking of our leaders as fools. They give safe haven to the terrorists we hunt in Afghanistan, with little help. No more!

Donald Trump (1-Jan-2018)

Pres Trump quoted figure of $33 billion given to PAK over last 15yrs, he can hire a US based Audit firm on our expense to verify this figure & let the world know who is lying & deceiving...

Khawaja Mohammed Asif (2-Jan-2018)

Department Press Briefing, 4 Jan 2018

Escenarios y Prospectiva

Escenario 1: Ampliar moderadamente el compromiso de Pakistán e iniciar un proceso de reconciliación en Afganistán

Desde la perspectiva de la necesidad de los Estados Unidos de desarrollar una estrategia que asegure los avances en la guerra antiterrorista en Afganistán y tienda a culminar el conflicto con un balance a su favor, la opción más plausible parece ser hasta el momento:

a.- Ampliar moderadamente el compromiso actual de Pakistán en su estrategia. No obstante, mantener una política enfocada en el conflicto con los talibanes es una estrategia a largo plazo, costosa en términos económicos y políticos, y de pronóstico en el tiempo de considerable incertidumbre.

b.- Por la razón señalada anteriormente, la ampliación moderada del compromiso de Pakistán, sería complementada con negociaciones tendientes a llegar a algún tipo de acuerdo político con los talibanes, pero reforzando a la vez al Estado afgano y sus instituciones, incluyendo sus fuerzas de seguridad, a fin de dar a dicho país un margen razonable de estabilidad, monitoreado por los Estados Unidos, que permita tener controlado el conflicto interno. Todo ello mientras el conflicto tiende a disolverse en el largo plazo. Para ello, Estados Unidos debe convencer al Estado Afgano de iniciar un dialogo nacional y poner en marcha un proceso de reconciliación. Por las condiciones internas de Afganistán, esto último requeriría de intervención americana en el curso de la política interna afgana.

Escenario 2: Escalada militar de Estados Unidos en Afganistán

La llegada al gobierno del Partido Republicano y del Presidente Trump, ahondan ciertamente en la tesis de un escalamiento militar, lo que requeriría un considerable despliegue de fuerzas de Estados Unidos y sus aliados. Las mayores consideraciones son los costos políticos y económicos de la decisión, y sobre todo, el pronóstico reservado en la línea del tiempo.

Para ello, deberá conseguir el apoyo pakistaní en lo referente al tema talibán utilizando como medida de presión el doble juego con India. El conflicto afgano es en buena parte consecuencia de la rivalidad entre India y Pakistán, por ello, cualquier intento de presión a Pakistán, de mediana o mayor intensidad, que no aborde su problema con India, tiende a ser inviable. No obstante, esta medida de estados unidos puede ser contraproducente para la consecución de sus objetivos, no sólo porque toca aspectos de difícil transacción para Pakistán (su búsqueda de “profundidad estratégica”), problema de historia y raíces más profundas que el tema afgano; sino porque dicha presión puede obligarle a compromisos con terceros actores para mantener el statu quo o avanzar en sus propios intereses.

Escenario 3: Retirada total por parte de Estados Unidos

Este escenario ha sido planteado en los últimos meses, y se explicaría en la necesidad de hacer un ejercicio de prospección política en la región. Es un evento poco probable si se considera que dicha retirada podría causar el colapso del Estado afgano, la anarquía y el fortalecimiento de grupos radicales, y con ello, el consiguiente aumento del riesgo de los Estados Unidos de recibir ataques en su territorio o en intereses vitales fuera del país. Ello además de considerar que los espacios cedidos por los Estados Unidos en la geopolítica mundial, tienden a ser cubiertos por sus principales competidores.

Por otra parte, la retirada estadounidense del conflicto afgano y la finalización de relaciones con Pakistán acarrearía la necesidad de cubrir su ausencia con otros actores. Al respecto cabe mencionar el creciente interés de Rusia, quien ha percibido bien la falta de coordinación del grupo de los 4 y mide permanentemente el grado de compromiso de Washington en la solución de los problemas regionales; China también se postula como aliado probable de Pakistán en caso de retirada de Estados Unidos.

Finalmente, debida su cercanía con Afganistán, y como opción altamente improbable, es posible que Pakistán deba apartar sus diferencias con India en busca de una alianza próxima que le brinde apoyo en caso de que el colapso del Estado afgano extienda el conflicto hacia su territorio.

Fuentes

Criterio
Relación bibliográfica y de fuentes con indicación del NFCF (Nivel de Fiabilidad y Credibilidad de la Fuente) en función del UK Intelligence Grading Criteria.

Listado de Fuentes
Autores Fecha Título Recuperado de NFCF
eumed.net 2015 Reseña histórica de las relaciones Washington e Islamabad post 11-S hasta la actualidad Acceder 3
Council on Foreign Relations 2018 Afghanistan: Endless war? Acceder 3
Jordan, J. 2013 Drones contra al-Qaeda Acceder 3
Setas, C. 2013 Las relaciones entre Afganistán y Pakistán y las negociaciones de paz con los talibanes afganos Acceder 4
South Asia Terrorism Portal 2018 Drone attack in Pakistan 2005-2018 Acceder 3
The Diplomat 2018 U.S- Pakistan Relations Acceder 4
Ahmad, J. 2018 Mistrust is the original sin of US-Pakistan relations Acceder 2
Council on Foreign Relations 2008 U.S-Pakistan military cooperation Acceder 4
Cia.gov 2018 Pakistan Acceder 4
Fair, C. & Watson, S. 2015 Pakistan’s Enduring Challenges Acceder 3
The Bureau of Investigative Journalism 2018 Drone strikes in Pakistan Acceder 3
Felbab-Brown, V 2018 Why Pakistan supports terrorist groups, and why the US finds it so hard to induce change Acceder 3
Stanford.edu 2017 Terrorist groups in Pakistan Acceder 4
Ansari, U. 2018 Pakistan pushed into China’s embrace as US cuts military aid Acceder 2
Nasar, R. 2018 US-Pakistan relations: A troubling scenario for South Asia Acceder 2
Issi.org 2016 Pakistan-Russia relations: future trends Acceder 3
Countrystudies.us 1994 Linguistic and Ethnic Groups Acceder 3
Javed, S. & Ziring, L. 2018 Pakistan Acceder 4
Cidob.org 2012 Relaciones Exteriores de Pakistán Acceder 4
Voanews 2018 Tempestuous’ Defines US-Pakistan Alliance Acceder 3
Radin, C. 2012 US to conduct its last ‘clearing’ operation of the Afghan war Acceder 2
Calamur, K. 2017 Trump’s Plan for Afghanistan: No Timeline for Exit Acceder 2
Ansar, M. 2018 Pakistan’s Military, Govt Split on Afghan Policy: Senators Acceder 3
Shaukat, S. 2018 Afghanistan: Explore new policy, not new routes Acceder 2
Olson, Richard. 2018 How Not to Engage With Pakistan Acceder 3
Pathak, D. 2018 Spy’s eye: US needs Pakistan for Afghan policy Acceder 3
Mir, A. 2018 Afghanistan’s road to peace won’t be an easy one Acceder 4
Iqbal, A. 2018 Pakistan, Afghanistan trade barbs over terrorists sanctuaries Acceder 3
Ashraf, M. 2018 A return to dialogue Acceder 3

Créditos: Grupo G5-18 | Miembros: Mario Zamarro, Inma Tomás, Cristina Linares, Alexander Tankov, Alberto Farje, Daniel Montañés.
Máster en Analista en Inteligencia – 2018